La historia se repite en aquellos mapas “institucionales”, aquellos que se realizaron con ayudas económicas de instituciones públicas o privadas; encontramos esqueletos de Mapas sonoros que antaño fueron portales activos y encontramos (sobretodo) el mensaje de “URL No encontrada” en muchos de ellos. Las causas puede ser muchas; evidentemente el imperativo económico de mantener proyectos de ese calado a día de hoy, es una de ellas; pero existen otras razones que tienen más que ver con como se concibieron dichos mapas sonoros en un primer lugar.
Muchos de estos mapas se plantearon como empresas colectivas, como una suerte de red social para amantes de las grabaciones de campo. Los mapas servían (en algunos casos) como portal de encuentro e intercambio de grabaciones, ofreciendo al público en general y no solo a los creadores, la posibilidad de subir sonidos al mapa haciendo uso de mas o menos fáciles interfaces gráficas en web. En ese sentido el caso paradigmático de Soinumapa nos sirve como ejemplo. Estamos ante un mapa que se ha mantenido de forma intermitente durante los años y a día de hoy es uno de los pocos “pioneros” que sigue engrosando su archivo de grabaciones. El mismo, cuenta con un sistema relativamente fácil de utilizar en el que usuarios registrados pueden subir y actualizar sonidos en la web. Esta misma, gira alrededor de esa posibilidad: la de dejar de ser oyente y contribuir. Quizás una de las estrategias para mantener vivos estos proyectos, pero hay más.
Estrategias
Es quizás el detalle de la interfaz y la facilidad (e importancia) que se le da al usuario para que suba sonidos lo que determina la continuidad de un mapa sonoro colectivo. Eso y un equipo, o núcleo activo que crea en la necesidad de mantener (y pueda hacerlo) un proyecto de esas características. Otras soluciones a la difícil continuidad de estos proyectos son, por ejemplo, las actividades que se llevan a cabo en el Grupo de Trabajo 9 del Mapa Sonoru de Asturias, en Laboral. Esta iniciativa pretende a través de sesiones abiertas de trabajo construir esta cartografía sonora asturiana al mismo tiempo que se desarrolla un trabajo didáctico con gente interesada en el mundo del sonido. Los miembros que conforman el grupo de trabajo de Mapa Sonoru, aprenden y descubren el mundo de las grabaciones de campo a medida que van rellenando los huecos de ese mapa del principado.
Tanto la solución tecnológica como la didáctica de Soinumapa y Mapa Sonoru respectivamente, son opciones posibles para la continuidad de esos mapas institucionales de gran extensión (hablamos de mapas regionales). Aún así, la supervivencia de iniciativas más modestas ya no depende de inyecciones de presupuesto sino de la buena voluntad de aquellos que las animan.
Hablamos de “mapas sonoros de autor” es decir, aquellos mapas sonoros creados por un solo contribuyente que de forma desinteresada inicia una cartografía sonora, a menudo, de su entorno más inmediato. En la actualidad, en el Estado Español, este es el tipo de mapa más activo y recurrente. Sons de Manlleu 10, de Byron Abadía es un buen ejemplo - entre otros 11- de mapa sonoro de autor, un modesto proyecto que se va actualizando de forma regular con aportaciones nuevas y que siempre cuenta con el mismo autor que lo actualiza.
El omnipresente Radio Aporee también tiene un papel determinante en la activación de cartografías sonoras en nuestro país. Si navegamos en su interfaz en web podremos escuchar sonidos subidos por diversos colectivos y personas individuales, Carlos Santos, Chinowsky Garachana en Málaga, Justin Bennet en diversas localizaciones y el ya mencionado anteriormente Huellas Sonoras de Pablo Sanz alojado íntegramente en Radio Aporee. Desde mi punto de vista el proyecto de Udo Knoll ofrece las mejores prestaciones, tecnológicamente hablando. La sencilla interfaz de carga y la rapidez del sistema lo convierte en una de las herramientas imprescindibles a la hora de mantener vivo un registro sonoro cartográfico.
De una manera similar y a través de las redes sociales el hashtag #YesWeKlang - aunque con el tiempo y el cansancio contestatario ha perdido fuerza - sigue siendo un nodo de activación de todas aquellas prácticas fonográficas que tenga que ver con cuestiones políticas o de crítica social. Más que una cartografía #YesWeKlang es un nodo de interconexión que bien podemos definir como mapa social o cartografía social. Este mismo nodo da muchas pistas de como evolucionar y hacer más participativos estas cartografías sonoras en fase de desertización.
La cuestión temporal
Al principio de este texto apuntábamos la necesidad de reflexionar sobre el aspecto temporal de las campañas de recogida de sonidos que culminan en cartografía. Sobretodo es necesario reflexionar sobre como este aspecto temporal es olvidado. Con ello me refiero al hecho de no contemplar evoluciones estacionales en los paisajes sonoros registrados o no “actualizar” sonidos ya desaparecidos por los “nuevos”. Por ello, es necesario asumir la elasticidad del paisaje sonoro y la necesidad de plasmar esa característica mutante que habitualmente es olvidada por completo en mapas sonoros “estáticos” como los descritos anteriormente.
En el capítulo de mi tesis doctoral sobre el Mapa Sonoro de Elche 12 se habla de como José María Pastor entiende lo cambiante en el paisaje sonoro y lo plasma realizando nuevas grabaciones en puntos donde ya grabó en el pasado; de esta forma Pastor “actualiza” el mapa con tomas más contemporáneas, esto responde directamente a la idea de que este material con el que trabajamos es maleable, es un fluir de información sonora que no podemos fijar en el tiempo. Aunque esta fijación sea una mentira, un retal, una muestra, si al menos es cambiante, respetamos su idiosincrasia y asumimos, a través de esa entrópica actividad de volver a grabar en el mismo sitio, una cierta penitencia del que recoge paisajes sonoros.
La solución a la cuestión temporal (en un sentido estacional) es bastante fácil, digamos que requiere de paciencia y quizás empezar a plantear una nueva categoría o capa dentro de nuestros mapas sonoros. Una categoría que especifique épocas, años, estaciones, meses o días y que a través de alguna suerte de cronograma podamos navegar por la “historia sonora” de un lugar, como este varía a lo largo del año o como le afectan los cambios. Esta memoria es necesaria y fundamental para entender esa elasticidad del paisaje sonoro de la que hablábamos. Esto, a su vez tiene una ventaja tremenda y es que sirve maravillosamente bien como ejercicio didáctico. Ya no hablo de grandes cambios, ni de los clásicos problemas ambientales, etc… hablo de pequeños cambios que afectan al día a día: La sustitución de un pavimento de adoquines por uno de asfalto, la poda de las ramas de árboles en avenidas, o la recién defunción del último pastor de ovejas en un remoto pueblo de la Mancha. Si podemos observar esa evolución sonora de un lugar nos podemos hacer una idea de lo rápido que un sonido o grupo de ellos desaparece, y lo importante que es que los preservemos (o no).
Es; por lo tanto, la labor temporal algo importantísimo a superar en la cartografía sonora, si bien el factor lugar ya lo tenemos plenamente representado el factor tiempo histórico no está ni por asomo resuelto. Ya no desde un punto de vista conceptual sino meramente práctico: La ordenación temporal del paisaje sonoro es clave para el uso didáctico de todos estos proyectos, hay que poder explicar el factor temporal cambiante del paisaje sonoro y la necesidad de establecer puntos de observación de esta evolución y acompañarla.
Lo lúdico
Considero que los mapas sonoros son excepcionales herramientas para explicar y facilitar el camino hacia la escucha de paisajes sonoros. Esta es quizás la gran virtud del mapa sonoro la forma lúdica en la que se presenta facilita que más allá de expertos, o gente inmersa en este tipo de prácticas acceda, visite y explore dichos archivos. Ese componente lúdico y nada encorsetado en planteamientos (insisto) pseudo-científicos es el que permite allanar el camino hacia el objetivo ulterior de toda esta labor: fomentar la escucha, fomentar el interés general por escuchar nuestro alrededor y usar ese sentido como herramienta para reconocer nuestro entorno a través del oído, más allá de la visión.
Desgraciadamente este aspecto a la hora de presentar a un público generalista la existencia de mapas sonoros no se ha explotado con suficiente vehemencia, salvo en el caso de Escoitar que siempre tuvieron muy en mente el aspecto mediático de todo esto (léase el Macrófono 13 o la famosa grabación de la caída de la primera hoja del otoño). Sencillas (y divertidas) estrategias de marketing enfocadas a eso: atraer medios y que en última instancia, alguien, más allá de nosotros (si: nosotros) escuche este tipo de cosas.
En este sentido recuerdo una iniciativa ya desparecida e iniciada desde el grupo de investigación de la Universitat de Barcelona dirigido por Josep Cerdà en el que el alojamiento del primer Mapa Sonoro de Catalunya 14 (ya existía Sons de Barcelona, pero este se salía del área metropolitana) se hizo en el portal de turismo de la Generalitat de Catalunya. El propio hecho de alojar un mapa sonoro en un portal de turismo ejemplifica lo que trato de exponer: la necesidad de salir del cascarón de la escena del arte sonoro, la necesidad de “utilizar” el paisaje sonoro para que los que piensen en visitar Catalunya aparte de “verla” desde un portal web la escuchen. Este alejamiento de los “círculos” del arte sonoro en un ámplio termino es determinante para la consecución de un objetivo más o menos común: que se escuche más y mejor.
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| Autor de la Entrada: Edu Comelles |
